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Mostrando entradas de agosto, 2016

Verano

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El sábado bulle. Por dondequiera que pase, encontraré personas de todas las edades saboreando su precioso tiempo de paz. En familia, entonando sus cánticos y juegos, se acompañan de coloridos y generosos helados mientras deambulan entre charcas, salpicados por los sonidos de cientos de briosos chapuzones. Es verano y la naturaleza se manifiesta en todo su poder. La fuerza de la creación se hace visible desde todas las esquinas, para que nos sea imposible negar su apabullante magnificencia y vigor. Todos los sitios rebosan de gozo. Mientras espero, observo por el hueco que deja la ventana entreabierta frente a la camilla, un enjambre de ruidosos niños empapados de júbilo y agosto. Se zambullen sin tregua, en la espléndida piscina del club emplazado enfrente. La clara felicidad que les envuelve, me hace disfrutar. Más allá, a lo lejos, hay una colonia de pinos que recibe franca y abiertamente, el calor del mediodía. A sus pies, se extiende un huerto en plena forma y pletórico de verde…

Simple

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Que me ames. Que dancen en la glorieta de tus ojos los dones que de mí percibes. Que me mires en paz. Que sea tu boca el valle del que manan delicadas y graciosas mañanas, cada vez que me llamas. Que haya en tu corazón un pozo de misericordia a donde pueda asistir, cada vez que necesite lavar mis actos perdidos. Que vengas hasta mi, sólo para abrazarme. Que todo tu ser se alegre, cuando sienta que el aura de mi cuerpo se aproxima.Que sea tu cara, la que dice que estás feliz. Que no consigas reprimir una sonrisa, cuando asome mi persona al secreto y callado escenario de tu mente. Que quieras el bien para mí. Pero no un bien parcial, mediocre, como el de las películas, que sólo puede ser visto por héroes (Que no son héroes, porque nunca tocaron el mal), y está lejos de ser alcanzado por cualquiera de nosotros... que sea un bien de verdad: entero y redondo, nacido sólo porque tú me amas y porque yo lo merezco. Que hables de mí sin necesidad de atravesar por oscuros y dolidos pasajes.…

Redención

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Yo me redimo, me libero. Me desobligo, no espero.
Decreto que en este día desfilen entre mis dedos los indulgentes minutos que derogan el invierno.
Me desato, no espero.
(Ya se aflojan en mis manos los torzales de aquel tiempo en que domaban las horas los mandatos del silencio).
Me redimo, no espero.
No atiendo al llanto, ni escucho el ruego; no templo el canto ni afino el miedo,
en este día de gloria sin orden ni precepto, en que al fin soy redimida y en defensa, me libero.

La parcelita

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Soles de nieve, senderos de nardos, y árboles blancos le pinta al dueño de la nada, la parcelita.
Ajuar de otoño, camisa de arena, mantilla de agua bendita, borda para su huésped, la parcelita.
Cuando en su sombra vienen los negros hombres que no vieron la verdad,  al vivo verde sueltan su pena, y aún dormidos, se van.
Sordos al trino de un alma que baila brillante entre los álamos, sobre el jacarandá, entre las hojas, y a los insectos dice, jubilosa y libre, palabras antiguas de amor.