Redención


Yo me redimo,
me libero.
Me desobligo,
no espero.

Decreto que en este día
desfilen entre mis dedos
los indulgentes minutos
que derogan el invierno.

Me desato,
no espero.

(Ya se aflojan en mis manos
los torzales de aquel tiempo
en que domaban las horas
los mandatos del silencio).

Me redimo,
no espero.

No atiendo al llanto,
ni escucho el ruego;
no templo el canto
ni afino el miedo,

en este día de gloria
sin orden ni precepto,
en que al fin soy redimida
y en defensa, me libero.


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