Te conozco





Conozco tu persona, yo diría, que bastante. Reconozco cuando te acercas lentamente por el corredor con tu andar de gacela, por el sonido inquietante que desprenden tus gráciles zapatos avanzando. Sé, cuán hermoso es tu cabello suelto y libre de juicio, de ataduras, cuando así se lo permites. Sé que huele a orquídeas tu tenue piel transparente, y que se dejan flotar en el aire los matices infinitos de tu aromada presencia.
Adoro cuando te ríes. Te adoro, quizás, porque tu risa me dibuja esos jardines imprecisos que busco perdido en la torpeza de mi lenguaje, mientras intento describir con  palabras, el alegórico paisaje que enmarcan tus labios suaves y delgados.
Te quiero. Quiero tu pálido corazón apretado en aquel antiguo traje de formas. Quiero el vuelo de tus dedos finos esbozando sempiternas melodías; la expresión luminosa de tus ojos enormes cuando cazan con exactitud felina cada una de mis escuetas expresiones. Quiero la verdad que discurre irrefrenable por tus venas, en esos exiguos momentos, en que por fin te confías.
Te quiero. Te quiero y te conozco. Conozco la casa firme y sin fisura en la que habitas, la lista interminable de compromisos que exhibes, la atmósfera punzante y rigorosa en la que sin querer, te has ido metiendo.
Sé quién eres. Quizás porque te quiero, sé quién eres tú, y cada vez que te alejas, se esfuma de mi entorno la calidez de tu locura, de cuyo halo recojo el aura sutil, como recuerdo de tu paso por un tiempo, en el que siempre te he aceptado.
Te conozco. Conozco tu persona, yo diría que bastante.  Y porque te quiero, sé que en este instante, sumergida en lo certero de tu frase medida y perfecta, con tu cara de rosa temprana y tu lívida voz, me estás mintiendo.

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