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Mostrando entradas de septiembre, 2016

El escondite

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He llegado al último tramo del escondite. Ha sido un viaje largo y difícil por lo húmedo y anguloso de las rocas, pero lo he conseguido. Sé que estoy a escasos minutos del portal de salida, porque diviso un tibio manojo de sugestiva luz al final. En el centro de la tenue claridad que en aquel extremo se abre, se deja entrever, diminuta, la amenazante figura de un espléndido puñal. Está allí. Sublime en el dorado enclave de sus ornamentos y seguramente, aguardando a que pase por su costado para rasgarme en dos las entrañas, con exactitud mercenaria y piedad ausente. Lo sé, por el filo que me acecha desde el aniquilante acero de mi añeja angustia, ahora insostenible. Quería llegar...y aquí estoy. Hay frente a mí una abertura que incrementa poco a poco su tamaño y atractivo... mas no tengo el valor de pasar. Temo que al salir, la estrepitosa tempestad de nítida luz, los huesos me calcine. Temo por ejemplo, reducidos grupos de jubilosas mariposas bullendo sobre la líquida aurora. Temo, …

Juana Solana

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Juana Solana, martirio de lana, hila su pena honorable y buena
Teje que teje, de pena y de lana borda racimos de uvas amargas.
Quejas y naspas hieren y devanan silenciosamente a Juana Solana.
Mira a lo lejos, suspira y remata flores de hielo y mantones de rabia.
Nadie comprende la angustia que hilvana la vida y la muerte de Juana Solana.

Declaración de amor

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Un día te voy a soltar el pelo. Voy a verte sonreír levemente y con placer a medida que te dejas ondear como un ala trémola de luces pendientes, remontando entre las sombras de aquello que una vez oíste, en un vuelo radiante, ahora infinito. Voy a recoger con premura entre mis dedos, los falsos juicios con que te has definido, para dejar abierto cada poro de tu piel, a la única verdad de lo que eres, y que sin saberlo, siempre has sido. Un día, voy a besar con todo mi corazón a flor de labios, cada cosa a la que de ti llamas defecto, y seré el agua a la que son arrojados para naufragar irreversiblemente los dolores infundados y los viejos enmudecidos prejuicios. Soplaré con ternura aquellos miedos que todavía te ronden, abriré las ventanas de lo que se viene de par en par; sembraré tu casa de rojas amapolas que emanen al aire tu nombre, para que podamos todos inspirarte en una primavera perpetua y hamacar tu apreciada presencia en los pulmones, desde cada uno de los vientos. Un día…