Declaración de amor




Un día te voy a soltar el pelo. Voy a verte sonreír levemente  y con placer a medida que te dejas ondear como un ala trémola de luces pendientes, remontando entre las sombras de aquello que una vez oíste, en un vuelo radiante, ahora infinito. Voy a recoger con premura entre mis dedos, los falsos juicios con que te has definido, para dejar abierto cada poro de tu piel, a la única verdad de lo que eres, y que sin saberlo, siempre has sido.
Un día, voy a besar con todo mi corazón a flor de labios, cada cosa a la que de ti llamas defecto, y seré el agua a la que son arrojados para naufragar irreversiblemente los dolores infundados y los viejos enmudecidos prejuicios. Soplaré con ternura aquellos miedos que todavía te ronden, abriré las ventanas de lo que se viene de par en par; sembraré tu casa de rojas amapolas que emanen al aire tu nombre, para que podamos  todos inspirarte en una primavera perpetua y hamacar tu apreciada presencia en los pulmones, desde cada uno de los vientos.
Un día, voy a ser la frágil mariposa que te envuelve mientras lloras esas imágenes que ya no existen, que son de antes, cuando no tenías cariño, y mi abrazo será la noche calma  y la temprana aurora de cuantos días necesites.
Descubriré con premura a qué huele tu cabello sobre la ribera de tus orejas despiertas, mientras dejo caer en ellas con suavidad incólume las palabras de amor que para ti he guardado, para devolverte así la realidad, pero completa: todo cuanto vales, y cuanto te negaron.

(Fotografía de A.M. Cabrera, decargada de la página: http://www.fotonatura.org/, que recomiendo visitar)

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