El escondite

 














He llegado al último tramo del escondite. Ha sido un viaje largo y difícil por lo húmedo y anguloso de las rocas, pero lo he conseguido. Sé que estoy a escasos minutos del portal de salida, porque diviso un tibio manojo de sugestiva luz al final. En el centro de la tenue claridad que en aquel extremo se abre, se deja entrever, diminuta, la amenazante figura de un espléndido puñal. Está allí. Sublime en el dorado enclave de sus ornamentos y seguramente, aguardando a que pase por su costado para rasgarme en dos las entrañas, con exactitud mercenaria y piedad ausente. Lo sé, por el filo que me acecha desde el aniquilante acero de mi añeja angustia, ahora insostenible.
Quería llegar...y aquí estoy. Hay frente a mí una abertura que incrementa poco a poco su tamaño y atractivo... mas no tengo el valor de pasar. Temo que al salir, la estrepitosa tempestad de nítida luz, los huesos me calcine. Temo por ejemplo, reducidos grupos de jubilosas mariposas bullendo sobre la líquida aurora. Temo, tener que enfrentarme a esos blandos y etéreos jardines de bondadosas margaritas.
Me asusta la caricia irremediable de todo cuanto está vivo. Y también, esa recóndita voz sincera, que dice: todo está bien.
Ya sé que no es fácil llegar hasta el final. Quería triunfar sobre la estrechez de los túneles...y la he vencido. Incluso ahora, en lo incómodo y apretado de este larguísimo instante, me urge salir.
Lo que pasa es que en esta vieja caverna, oscura y pegajosa,  en cuyo interior no he podido ver  hasta ahora ni los charcos malolientes en que he sumergido mis zapatos y mis ropas; todavía, estoy a salvo.

 (Fotografía descargada de: cavernasantioquia.wordpress.com)

Comentarios

Entradas populares

Declaración de amor

Hormiga

El susurro del ángel

Las hojas

Cuando moleste tu luz

La entrega

Cuando todo haya pasado