Preciosa fragilidad

Me siento tan frágil, que a veces me gustaría ver mi cuerpo gris y pesadamente humano, transformarse en una pelusa invisible. Me divierte imaginarme transportada por la voluntad del universo, quizás en una semilla, en la hoja seca de alguna planta silvestre no domesticada, o en el cuerpo hueco y difunto de cualquier mariposa corriente u hormiga.
¡Sería tan hermoso nada más, flotar en el aire y ser hamacada por el halo de su poder! (Sólo algunos álamos he visto seguir con gracia divina este balanceo, este dejarse mecer sin más resistencia que la que ofrece el tallo de su delgada materia visible). Mi debilidad es tan cierta, que aún si fuera una piedra, o una gran roca, el agua de cualquier río, con facilidad me moldearía.
Soy frágil. Y en toda la sinceridad de que soy capaz, empiezo a darme cuenta de que mi existencia es tan inventada y efímera, que el impulso de un remoto suspiro, la podría extinguir. Me siento tan inaceptablemente desprotegida en la liviandad de mi ser sin más, que en vez de danzar al son de este milagro, y entregarme a la brisa ondulante y sagrada que me susurra la sabiduría de los tiempos, lleno mi cuerpo humano y oponente, de ideas pesadas y oponentes, para oponerme en una falsa seguridad inventada, al movimiento natural de todas las cosas.

Me desplazo lentamente por un terreno que he decretado mi lugar, arrastrando mi carga rígida e inútil, levantando fronteras, cerrando puertas, echando llaves, buscando diferencias, cavando mi trinchera, creando enemigos, interponiendo mi disonancia a la armonía de las esferas, y aportando un poco más de dolor a este mundo....con el único fin estúpido y pasajero, de encubrir mi preciosa e innegable fragilidad.

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