Magnolias


Laura, el día está oscuro, no entiendo por qué...Te prometo que dejaré de buscar. Estaba inmerso en su perfume, sabes? Era como una cascada de ángeles flotando, como una madre que acaricia sutil y generosamente, como un coro de recuerdos agradables asomando al balcón de lo añorado y a la vez, incomprensible.
¡El color era tan suave!. Apareció ante mí,  níveo y bondadoso como un cielo. Era un cielo pero no de tarde junto al río y las encinas...Era un cielo infinito, un cielo de volver al comienzo, un cielo en el que se puede confiar. No sentí la humedad dentro de mí...Cuando las vi, fue como si me atravesara un rayo: Me quedé casi congelado frente a su magnífica presencia. Era como una inspiración de algo sublime...Un andar descalzo sobre pétalos de rosas recién cortadas, una sonrisa perenne..Quizás algo parecido a eso que llaman Paraíso. ¡Laura, te juro que no noté la humedad!
Ellas se extendieron delante de mis ojos como ninfas. Me fue imposible escapar a su mágico encandilamiento. Se abrieron ante mí como en un sueño, y con una caricia encantada, tendieron sobre mí un velo inmaculado y letal...Y algo me atravesó... Laura...no vi las espinas.
¡He soñado tantas veces con estas magnolias! Pero no detrás de las ramas, como ahora. ¡Las magnolias!...Sublimes, fragantes, espléndidas, invencibles... ¡Magnolias invencibles!. Extendí los brazos pero no podía alcanzarlas. ¡Las he soñado tantas veces! Sólo que en mi sueño no estaban escondidas, las veía abiertas y fragantes, dispuestas a recibirme sin un ápice de dolor, como un abrazo que todo lo contiene y pacifica.
Extendí las manos, pero no pude alcanzarlas. Laura, nunca he podido alcanzar las cosas que amo...Por favor entiéndeme...Quería tocarlas...No llores.  

Ahora tengo el cuerpo atravesado...¡Me parecía tan fácil llegar!...No vi las espinas...Soñaba estar entre ellas, y ellas en mí. Un borbotón de sangre se agolpó en la palma de mi mano, tenía la magnolia, era infinita, la estaba acariciando...Era mía. Mía. La amaba y era mía. La amaba, y estaba en mi mano, la había alcanzado... Sé que te impresionan mis heridas. No sé de dónde salieron esas espinas, o qué era... ¿Qué había? ¡Me alegra tanto que hayas venido!...¡Estás tan hermosa! Tu cara se me asemeja al resplandor de esas flores...Tienes la misma pureza en tu corazón...Tus ojos me llevan al árbol de nuevo...Brillas como una de ellas. Siempre te he amado, Laura, pero no pude alcanzarte. ¡Por favor no llores!... Ya te he dicho, que dejaré de buscar. 

(Imagen descargada de:http://www.mensajesdeanimo.com/magnolias-de-acero.html)

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