El viaje


Juan, no he venido hasta aquí para decirte palabras bonitas. A donde quiera que vayas, encontrarás el amor de mis ojos esperándote. No creas que he hecho todo este viaje, para traerte un estúpido regalo comprado en cualquier tienda: un objeto hecho por manos desconocidas o quizás, insensibles máquinas. Juan, por encima de las medianeras de tu casa, frente al patio donde te retuerces en acaloradas discusiones sobre matemáticas, podrías observar cuando quieras, cómo las flores de la pasión, simplemente, saborean el sol.
Has tenido entre tus manos el universo de mi presente desangelado y deforme. Has podido acunar, con inigualable ternura,  la gracia de mis incomprendidos silencios. Te he dejado rozar, con precisión espontánea, algunas de las notas que ofrece mi escurridiza alegría. Conociste los óleos donde han sido estampados aquellos novedosos deseos, el testigo único del estrépito que produce ese reiterado ciclo de cadenas rotas quebrándose sobre mis espaldas... Pero quieres más.
Más palabras, más gestos, más cosas, todas triviales, insustanciosas, centenares de  zapatos gastados, buques de frases recurridas, cargueros de devoluciones forzadas, opiniones obligadas a morir en el vacío... cientos y cientos de contenedores de nada. Toda la nada, un camión de nada subiendo al vertedero para volcar allí su nada entre la basura...Toda esa materia inservible que por falta de brillo propio, nadie ha querido. Mi viaje ha sido largo, y como te digo Juan, no he venido hasta aquí para llenarte de nada las maletas y la casa.
Desde todas las esquinas, oigo ruiseñores. Lanzan sus gorgeos milagrosos sobre las calles de este pueblo marchito, despertándolo entre las sombras que dejan a sus pies, algunos de los quebrachos de la finca de Atilio. El sol, ha salido como siempre y sin pedir a todo el verde del mundo, que le explique su valor. Se ha abierto paso entre las nubes esta mañana, para bendecirnos como siempre, con su luz. Sin explicar ni pedir permiso, da la vida a las plantas, las acaricia y las envuelve en su calor.

En Valle Fértil, todo es vida. Estoy contenta de volver a la sencillez. Me siento feliz de poder inspirar de nuevo, el olor de las jarillas. En este lugar,a diferencia de otros, todas las cosas que me ayudan a vivir, sencillamente, acontecen...Y como te decía Juan, no he venido hasta aquí para adornarte con un montón de palabras... Justamente porque te quiero, mi obligación, es desnudarte.

(Imagen descargada de:http://naturator.blogspot.com.es/2011/06/valle-fertil-san-juan.html)

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